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viernes, 15 de febrero de 2013

En voz alta

Hoy quizá no es el mejor día para empezar una bitácora con reflexiones personales, pero a veces surge la necesidad de escribir en voz alta.

Me gustan las TIC, eso es cierto, y reconozco que mi visión a veces no es objetiva, aunque siempre intento ponerme en el otro lado. ¿Cómo lo llaman?...mmm... Empatía.
Pues sí, suelo tener empatía con las personas que me rodean, pero parece que esta inteligencia emocional es escasa en muchas de ellas, que solo son capaces de entender su punto de vista y no se paran a razonar acerca de ellos mismo, evaluar sus sentimientos y razonar acerca de otras personas justificando solo sus propios deseos. Pero, quizá, ese es otro tema...
Respeto las opiniones de los demás, y los métodos de enseñanza que utilizan mis compañeros, pero no puedo por menos que poner la voz en grito cuando me encuentro con ciertas cosas...

En un lugar de Castilla, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo impartía un hidalgo de los de powerpoint en astillero, pantalla antigua, libro flaco y auto corredor.
Sabedor de idiomas, expone su powerpoint como prueba irrefutable de la buena utilización de las TIC en su aula, y llega a tanto su desatino en esto, que no puedo por menos de preguntarle:

-¿Y compartes este material con tus alumnos?

A lo que el sorprendido hidalgo contesta un no rotundo, pues estaba muy puesto en razón, que otorgando el powerpoint, los alumnos en su clase, poco caso le hicieran, pues la práctica común no es otra que la exposición con el único afán que sean los obedientes alumnos los que copien en sus cuadernos lo mismo que se halla escrito en el powerpoint sin que otros pensamientos estorben.

Pues sí, tiene razón...pero digo yo...no será mejor entregarles el powerpoint y dedicar el tiempo de clase a que aprendan algo?